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El ojo de Sevilla

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lunes, 17 de noviembre de 2008























(Publicado en la revista Pasión en Sevilla)

El talento de este inigualable artista se vio reflejado en numerosas aportaciones a la Semana Santa sevillana. Sin embargo, muchos de los proyectos que ideó no pudieron ver la luz y se encuentran actualmente en propiedad de diversos particulares o archivados en las hermandades

Hubo quien le denominó “el Martínez Montañés de la plata”. Cayetano González está considerado por muchos historiadores del arte como el mejor orfebre de todos los que han trabajado para las hermandades sevillanas. Sin embargo, a pesar de que esta faceta es la más célebre, debe ser reconocido como un artista que trabajó también como imaginero o arquitecto. Quienes le conocieron afirman que su debilidad era la poesía, de hecho regaló a cada uno de sus hijos un libro dedicado y dibujado por él y dedicó otro a las cofradías de Sevilla. Sobrino del prestigioso arquitecto Aníbal González –con quien trabajó durante años en sus proyectos urbanísticos y monumentales- se inspiró en el Regionalismo imperante en la época de la Exposición Iberoamericana de 1929 para ejecutar sus trabajos.

De su amplísima obra destaca la que realizó para tres hermandades: Pasión (donde además de otros enseres destacan las portentosas andas que hizo para el Señor, del cual era un gran devoto), la Amargura (creando una de las mejores joyas de nuestra Semana Santa como es la corona de la Virgen, además de las figuras secundarias del misterio y casi toda la orfebrería de la cofradía) y El Silencio (con el paso de palio de la Virgen de la Concepción).

A pesar de la cuantiosa aportación patrimonial en nuestra ciudad, no todo su genio pudo materializarse en obras concretas, quedando en forma de esbozos que se encuentran en lugares poco accesibles y que han dado lugar al olvido.

La razón por la que muchos de estos proyectos fueron desechados dista mucho de la falta de calidad que pudiera ofrecer finalmente, ya que a pesar de que muchas veces su actitud de no fijarse plazos de entrega ponía nerviosos a los dirigentes de las hermandades, “la perfección de la obra terminada hacía olvidar las dificultades habidas”. Así lo indica la profesora María Victoria García Olloqui en Orfebrería sevillana: Cayetano González. Los motivos fueron meramente económicos, quizás porque el diseño definitivo obligaría a sobrepasar el presupuesto previsto no sólo por la mano de obra, sino por el alto coste de los materiales proyectados.

Proyectos para Las Penas
El patrimonio de la Hermandad de Las Penas de San Vicente estuvo durante el pasado siglo en constante evolución. De hecho, el palio de la Virgen de los Dolores de Patrocinio López sufrió una modificación por parte de Cayetano González, que no gustó en la Hermandad y fue desechado, quedando como altar de cultos y, posteriormente, los bordados fueron a parar a la hermandad de Vera Cruz. Anteriormente a esto, la corporación ya había encargado al orfebre el diseño de un frontal de palio que, a pesar de no realizarse, sirvió como base a los bordados de los respiraderos del paso.

Otro de los proyectos que la cofradía rechazó a Cayetano González fue el que presentó para la ejecución del paso del Señor de las Penas, ya que el que disponía presentaba un estado lamentable y carecía de la calidad suficiente. Según García Olloqui, “el orfebre explicó a la Junta que su proyecto sólo sería viable si no se le añadía al paso ninguna figura complementaria”, y hubiera sido de estilo barroco en madera con apliques de plata dorada. Era tanta la calidad que presuponía Cayetano en su proyecto, que indicó que gran parte de los materiales serían ininflamables y de una larga duración. El paso sería completado con capillas cuyas figuras estarían realizadas en marfil y los faldones y los respiraderos bordados en oro.

Sin embargo, a pesar de que este diseño fue aceptado, finalmente no pudo llevarse a cabo por cuestiones económicas. El boceto original del paso de Cristo estuvo en posesión del hermano de la cofradía Luis Erraskin Fuentes, ya fallecido. Los del paso de palio estuvieron en poder del recordado Juan Carrero, aunque según su hijo –propietario del valioso archivo del insigne investigador- actualmente están en el archivo de la Hermandad de las Penas que, al encontrarse en obras la casa hermandad, están guardados en un guardamuebles por lo que es inaccesible actualmente.

Un palio para el Calvario
A mediados del siglo pasado, la Hermandad del Calvario encargó a Cayetano la restauración y enriquecimiento de muchos bordados del paso de palio de la Virgen de la Presentación como el manto, la saya o los respiraderos –cuyas labores se efectuaron en el taller de Carrasquilla-, así como distintas piezas de orfebrería como los varales y la plata del respiradero. De hecho, la concepción actual del magnífico manto de salida es de Cayetano.

Sin embargo, no todo lo que la hermandad encargó al artista pudo ver la luz. Guillermo Domínguez Clavería, discípulo de Cayetano González y fallecido hace algunos años, disponía de un proyecto de bambalina frontal del palio que el orfebre presentó en la hermandad y no se llevó a efecto. el diseño es parecido al actual, ya que sería un palio de cajón, aunque incluiría apliques en plata. Cayetano Aníbal González, hijo del orfebre y conservador de la Real Academia de Bellas Artes “Nuestra Señora de la Angustia” de Granada, afirma que estos bocetos fueron a parar a la Hermandad del Calvario.

Además del proyecto de bambalinas para el palio, Cayetano diseñó un paso de palio completo de concepción completamente distinta al actual que posee la hermandad, cuyas bambalinas tenían un diseño antagónico al anterior y que tampoco fue realizado. El anteproyecto, que sería entero de plata, incluye como novedad una canastilla y los remates de los varales serían similares a los del paso de palio de El Silencio, con azucenas.

Para completar esta obra inconclusa, el artista diseñó unas jarras para el paso y un doble proyecto de techo de palio que tampoco vieron la luz.

Un paso que impone estilo
De entre todos los proyectos que se quedaron sin realizar y en el olvido, el más impactante, sin duda, hubiera sido la ejecución de un paso de plata para el Santísimo Cristo de las Tres Caídas de la Esperanza de Triana. De haberse realizado, hubiera cambiado tajantemente el estilo del primer paso de la cofradía.

En primer lugar, en el paso sólo hubieran ido el Señor con el Cirineo, ya que su tamaño –de unos 4 metros y medio de largo y dos de ancho- hubiera impedido el hecho de que se situaran las figuras del romano a caballo, las mujeres con el niño y el esclavo etíope que, por aquel entonces, formaba parte del conjunto.

En segundo lugar, se trataba de un paso ejecutado en plata con cartelas doradas y marfil para la cara de los ángeles, lo que hubiera añadido un grado de sobriedad al paso que, en estos momentos, resulta difícil imaginarlo.

Un paso espectacular, con muchas semejanzas al del Señor de Pasión, excepto que los puntos de luz en vez de ser cuatro faroles, hubieran sido serían faroles de guardabrisa, a modo de candelabros de cola. El bordado de los faldones hubiera completado este magnífico proyecto que perdió la hermandad y, consigo, la Semana Santa de Sevilla.

Las andas iban a ser costeadas por un grupo de hermanos, pero la hermandad decidió no realizarlo y se quedó en un boceto que se encuentra a la vista del público detrás de una columna en el bar “El Portón” de la calle Albareda, propiedad que fue del mayordomo de la Esperanza de Triana, Manuel Bellido, que ostentaba el cargo a principios de los 60, cuando fue propuesto el diseño y que actualmente regenta su hijo.

Cayetano en Pasión
Además de reconocido devoto de la prodigiosa obra de Martínez Montañés, Cayetano González dedicó gran parte de su trabajo a la Hermandad de Pasión. De hecho, es autor de la mayor parte de las piezas de orfebrería de la cofradía.

Francisco Navarro Sánchez del Campo, ex–hermano mayor de la corporación y miembro de junta durante 43 años, impulsó la mayor parte de los proyectos realizados en Pasión durante todos esos años. Recuerda que cuando ocupaba el cargo de mayordomo, en 1964, el tesorero planteó en un cabildo el encargo a Cayetano González de unos nuevos candelabros de cola para el paso de palio, que sustituyeran a los que tenía hasta entonces la corporación y que no gozaban del agrado de muchos hermanos. Sin embargo, Francisco Navarro fue a más y planteó al cabildo la posibilidad de encargar un diseño de un paso de palio completo –exceptuando los varales que ya habían sido realizados por el orfebre y los bordados de Carmen Campmany-, que completara estéticamente el conjunto de la cofradía, con el objetivo de que la hermandad fuese sustituyendo parte por parte las piezas que considerara oportunas. Francisco Navarro, que mantenía una buena relación con Cayetano González, fue quien solicitó directamente el proyecto al artista, cuyo informe y diseño no fue presentado a la hermandad hasta tres años después.

El diseño incluía unos respiraderos a semejanza con los que realizó en 1948 para el paso del Señor, una gradilla o canastilla en la primera mitad del paso, la candelería, las jarras y los candelabros de cola. Precisamente fueron estos últimos las únicas piezas del proyecto que no gustaron en la hermandad. La canastilla la diseñó así Cayetano González con el objetivo de que los costaleros pudieran ponerse de pie y para que la candelería fuera más pequeña y pesara menos. Como era preceptivo por aquel entonces, el proyecto, cuyo coste estuvo tasado en 1.905.000 pesetas por la mano de obra y los 194 kilogramos de plata de ley que hacían falta (teniendo en cuenta que el paso del Señor de Pasión costó algo menos de un millón de pesetas a finales de los cuarenta), fue sometido a la Real Academia de Bellas Artes “Santa Isabel de Hungría” de Sevilla, cuyos miembros Juan Sebastián y Bandarán y Alfonso Grosso dictaron sendos informes positivos.

Sin embargo, Cayetano González no llegó a realizar ninguna pieza del proyecto, por lo que regaló el boceto a Francisco Navarro que, a pesar de donar el original al archivo de la hermandad, dispone de una copia exacta en su archivo personal. Más tarde, la hermandad llevó a cabo la ejecución de la candelería, que corrió a cargo de Jesús Domínguez y Antonio Santos Rodríguez Campanario, aunque el diseño original es de Cayetano González. Los respiraderos actuales de los Hermanos Delgado guardan ciertas semejanzas con los diseñados para este proyecto por Cayetano González.

Francisco Navarro cuenta que en aquella época no había buenas relaciones con el párroco del Salvador y que un día, al pasar por San Hermenegildo, tuvo la corazonada de ver al Señor en este templo. Con el apoyo del pintor Alfonso Grosso, fue a la hermandad y propuso la idea en cabildo de oficiales. Desde ese momento y tal y como explica José Antonio Rodríguez en el reportaje de este número, se convierte en el promotor principal de la historia de amor y desencuentros entre Pasión y San Hermenegildo.

Tal fue el grado de cercanía que llegó a tener la corporación con este templo que, ya aprobado el traslado en cabildo general, Francisco Navarro solicitó a Cayetano González el diseño de un baldaquino inspirado en el de San Pedro del Vaticano, obra de Bernini; para que el Señor de Pasión se situara debajo y recibiera diariamente el besapiés de los fieles en el altar mayor. El proyecto se presentó de manera doble: cada mitad del boceto tenía una ornamentación diferente. Este interesante boceto, que hubiera acercado mucho más el Señor a los devotos, no pudo materializarse ya que, celebrando la hermandad el próximo traslado, la Autoridad Eclesiástica se opuso. El sueño de Francisco Navarro entre otros muchos hermanos se diluía. Sin embargo, pasados muchos años, en 2003, con motivo del cierre de la parroquia del Salvador, Pasión realizó su Estación de Penitencia desde este templo.

En estos momentos en los que surgen rumores sobre la posibilidad de situar de nuevo al Cirineo en el paso del Señor de Pasión, cabe indicar como curiosidad que la hermandad encargó a Cayetano González la elaboración de dos informes: uno sobre la imagen del Señor en su paso y un estudio para suprimir el Cirineo. La idea de suprimir esta talla –considerada por muchos como la mejor imagen secundaria del siglo XX-, según García Olloqui “partió de los hermanos y se pensó llevarla a cabo para que la imagen del Señor destacase mejor en el paso”.

A finales de los años 20, coincidiendo con la Exposición Iberoamericana, en la Huerta del Rey se encontraba en construcción una basílica dedicada a la Inmaculada Milagrosa, obra de Aníbal González que, de haberse construido, podría haber sido la “segunda catedral del Sevilla”. La idea era que Cayetano González diseñara el altar mayor de la basílica, por lo que realizó un proyecto de baldaquino espectacular, que consecuentemente con la suspensión de la obra, no se llevó a efecto. En la actualidad se conservan algunos pilares de lo que hubiera sido la basílica y el boceto del baldaquino está en propiedad de Cayetano Aníbal González.

Todos estos proyectos, de haber sido realizados, hubieran aumentado de forma sobresaliente el patrimonio histórico-artístico de nuestra ciudad y las cofradías.

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El autor

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Periodista, licenciado en 2010 por la Universidad de Sevilla. Redactor interino de ABC y de la revista Pasión en Sevilla.

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